4 Errores que cometemos al decir “no” a nuestros hij@s
01/03/2017
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Seguramente has tenido uno de aquellos días en los que estás constantemente diciendo “no “ a tu hij@. “No, ahora no puedes coger ese juguete”, “no, ahora no te puedes comer esa galleta”, “no, ahora no puedes…”

Recuerdo perfectamente esa etapa. Mi hijo mayor debía tener alrededor de los 2 años. Tenía la sensación de que sólo pedía cosas que creía que no podía darle o consentirle. La mayoría de las veces esa situación terminaba en un llanto inconsolable. Eso, a mí, realmente me angustiaba porque no sabía qué hacer para calmarlo.

Se apoderaba de mí la desesperación. Quería que entendiera que lo que estaba pidiendo no había modo alguno de podérselo dar o no era importante. A veces, era más una cuestión de mantenerme en una posición que creía necesaria. No quería acceder a su petición por considerarla, sencillamente, un capricho. Otras veces era un no rotundo, innegociable, por ser un tema relacionado con su propia seguridad. Sea cual fuera el motivo, necesitaba que él viera lo mismo que yo. Pero eso muy raramente sucedía y me sentía muy frustrada.

En situaciones como las que viví con mi hijo, me hubiera sido muy útil analizar los sentimientos que me invadían en ese momento. Ser conscientes de lo que nos ocurre a nosotras por dentro cuando decimos un no y es rechazado por nuestro hij@, nos puede ayudar a llevar con más eficacia esas situaciones. En un principio parece que no tenga nada que ver Pero empatizar con nosotras mismas al mismo tiempo que con nuestros pequeños es importante. De hecho, puede ser la clave para evitar la mayoría de las rabietas que tienen nuestros hij@s.

1r error: pasamos de largo la gestión de sus emociones

En nuestro día a día, deseamos un montón de cosas. A algunas les damos satisfacción. A otras, nuestro cerebro racional nos hace bajar de las nubes. Nos autoconvencemos que aquello que deseamos no es posible, al menos no en ese momento. Nuestro funcionamiento cerebral nos ayuda a llevar la frustración de la mejor manera posible.

Pero eso no siempre puede hacerlo una criatura que tiene una parte del cerebro que hace posible el razonamiento lógico en pleno proceso de desarrollo.

Una criatura que pide algo responde a la emoción que le provoca una necesidad. Puede ser jugar con un juguete muy concreto, comer algo que en ese momento le apetece, tener el contacto o la presencia física de alguien… Sea lo que sea, para nuestro pequeño es aquello, y no otra cosa, la que va a cubrir la necesidad que se le ha despertado. Esa emoción es la que le aflora en ese momento. Saber reaccionar, como adultos, es crucial para que una negación, si es necesaria, no se convierta en un gran problema para nuestro hij@.

2º error: contestamos impulsivamente

Este error para mí fue el más difícil de gestionar. Es en el que más tuve que trabajar a nivel personal para conseguir el efecto deseado en mi hijo: no responder de forma automática.

Cuando respondemos de manera automática, muchas veces lo hacemos de forma un tanto impulsiva, desde nuestro lado más visceral. Y en esas situaciones normalmente no somos nosotros los que contestamos, sino nuestras propias vivencias como criaturas, ya que solemos reaccionar apelando a lo que nos resulta más familiar, más común. Así pues, seguramente reaccionaremos como si fuéramos la parte adulta de lo que vivimos como niñ@s.

Así, si nuestro hijo o hija nos pide una galleta antes de cenar, seguramente le contestaremos un no inmediatamente, sin cuestionarnos nada más, sin ver y analizar qué está necesitando él o ella realmente y si podemos darle respuesta a esa necesidad de otro modo.

Para evitar esa respuesta automática es imprescindible parar unos instantes antes de contestar. A veces sólo es cuestión de que pases un par de segundos para que todas esas respuestas que nos vienen a la cabeza de manera automática e inmediata lleguen y se vayan. Y si luego, después de la reflexión, son la respuesta que queremos dar realmente, adelante.

3r error: demasiadas veces queremos decir "no"

Hemos empezado este post poniendo como ejemplo esos días en los que estamos constantemente diciendo “no” a nuestr@ hij@. ¿Os imagináis una situación similar como adultos que somos? ¿Podéis sentir  las emociones que nos  invaden si estamos escuchando un no por respuesta a prácticamente todo lo que decimos?

Reflexionar sobre lo que realmente nos está pidiendo la criatura es un primer paso: un juguete, comida, salir al parque, la televisión… Con esta primera reflexión hay que analizar si es de vital importancia negar esa petición.

Un “no” debería ser rotundo si está en juego la integridad física y moral de nuestro hij@. En caso contrario, todo es relativo, y dependerá de cada familia estableces cuál es el límite de lo permitido. Así pues, las negaciones que podemos tener claras se reducen a cualquier cosa que suponga un peligro para nuestros retoños. No abrocharse el cinturón de seguridad, saltar de un muro demasiado alto, meterse una canica en la boca… podrían ser motivo de que, como adultos, estableciéramos un no rotundo. A partir de ahí… no hay una respuesta única.

Pero aun teniendo claro ese no rotundo, hay que tener en cuenta cómo se presenta esa negación.

4o error: apelamos al razonamiento

Hemos dicho al principio que cuando nos decimos a nosotras mismas que no, nuestro cerebro racional nos ayuda a convencernos. La dificultad que se nos presenta con nuestros hij@s es que ese cerebro racional no está desarrollado al 100%. Esa situación no nos permite usar la lógica con nuestros pequeños durante un enfado como lo haríamos con un adulto. De hecho, si la usamos, seguramente vamos a agrandar el problema. Cuando nuestros hijos se enfadan o se disgustan, su cerebro funciona desde una parte en la que se gestionan las emociones. La zona que “razona”, además de no estar totalmente formada, queda “temporalmente fuera de servicio”.

Para salvar este obstáculo, el primer paso que deberíamos dar es empatizar con sus emociones. Nuestro objetivo se centrará en hacerle ver a nuestro hij@ que entendemos lo que está sintiendo. Le ayudaremos dándole nombre y creando una conexión con ese cerebro emocional responsable de hacerlo funcionar en ese momento.

A partir de ahí, podremos aplicar las estrategias necesarias que nos permitirán comunicarnos con nuestro hij@ de una manera eficaz. Eso será la base para poder llega a acuerdos que tengan como punto de unión satisfacer las necesidades de ambos.

¿Te apetece compartir tu experiencia? ¿Crees que estas estratégias te pueden ayudar a mejorar la comunicación con tu hijo o hija? 

Deja tu comentario, ¡me encantará leerte!

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