3 tips para superar la barrera de las críticas en la crianza de tus hijos
07/09/2017
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No es extraño escuchar a muchas mujeres quejarse de lo duro que resulta a veces criar siguiendo unos principios que nos son aceptados en su entorno familiar o de amistades.

La mayoría de mujeres que decidimos educar desde el respeto, sin gritos ni castigos nos encontramos con frecuencias con frases como:

  • Dentro de dos años estará haciendo lo que quiera contigo
  • Hay que enseñarles quién tiene la autoridad
  • No pueden tener siempre lo que quieren
  • Tiene que comerse todo lo que le pones en el plato
  • Tienes demasiada paciencia, deberías ponerte más firme
  • Si no le obligas a hacerlo nunca lo aprenderá
  • Debería irse solo a la cama
  • Es muy mayor para ir en brazos

Podría seguir y seguir con miles de frases que he escuchado en los años que llevo siendo madre.  Todas ellas emitidas por personas más o menos lejanas que, consciente o inconscientemente, aportaban sus opiniones con el propósito de mejorar mi actuación como madre. Consejos que llevaban implícito la afirmación: no estás criando bien a tu hijo.

Hoy quiero compartir en este post, los tres recursos que mejor me funcionan cuando recibo una crítica relacionada con cómo manejo la crianza de mis hijos. Cada una de estas estrategias me funcionan dependiendo del contexto, la persona que tengo en frente y el tipo de crítica que hace.

1- Usa una “frase comodín”.

Cuando la persona que tengo delante no me inspira ternura o ya he tenido varios encuentros con ella relacionados con el mismo tema es un recurso que funciona muy bien.

Se trata de responder con una frase tipo “no te preocupes, de esto me encargo yo”. Esta afirmación tiene como objetivo establecer un límite entre esa persona y tú. Es una forma fácil y clara de dejarle claro que no te interesa ni vas a tener en cuenta su opinión.

Para que este recurso sea realmente eficaz, es imprescindible tener en cuenta cuál es el lenguaje corporal y el tono de voz que estamos usando. Una postura cerrada de nuestro cuerpo y una voz floja y dubitativa va a tener menor efecto que una postura erguida y una voz firme y decidida.

2- Aporta información que no pueda ser rebatida en un mensaje claro y preciso

Si la crítica tiene que ver con la alimentación, el sueño o la salud de la criatura puede resultar útil aportar información relacionada con estudios que se hayan hecho al respeto o información que provenga de entidades que estén “validadas” por nuestro entorno. Las críticas que recibimos sobre estos temas suelen venir de personas cercanas con las que puedes tener conversaciones largas y, seguramente, en muchas ocasiones. Pero cuidado, no caigas en la tentación de intentar convencer ni justificar lo que estás haciendo si no es necesario dando pie a que lo pongan en duda, que seguro que lo hacen con otra frase recurrente como “pues lo hemos hecho así toda la vida”. Sencillamente limítate a aportar información y afirmar que has tomado una decisión y no quieres cambiarla.

Así, por ejemplo, si das de mamar más allá del año y te dicen: “es demasiado mayor para tomar pecho” puedes contestar: “según la asociación española de pediatría, se recomienda mantener la lactancia hasta, como mínimo, los dos años por todos los beneficios que aporta. Nosotros hemos decidido seguir estas indicaciones, nos van muy bien y no queremos cambiarlas.”

Si la explicación no convence, siempre te queda recurrir al punto uno.

3- Apela a tus deseos de no preocuparte tanto del presente y más de la relación que quieres tener en un futuro con tus hijos.

A veces, las críticas vienen dadas por cómo manejas la educación de tus hijos. La mayoría de adultos busca, en la resolución de un conflicto con un niño, una solución que le permita zanjar el tema en ese mismo momento satisfaciendo únicamente su necesidad. Así, frases que terminan con: “y punto”, “porque lo digo yo”, “o te vas a enterar”… , son recursos que normalmente, dada su naturaleza impositiva, no tienen en cuenta la necesidad de la criatura en ese momento.

Las personas que decidimos resolver el conflicto desde la perspectiva del respeto a nuestros hijos e hijas, lo hacemos, en parte, porque queremos construir una relación de confianza con ellos. Eso nos lleva a no imponer, a no ser que sea por razones de seguridad e integridad de nuestros hijos, lo que deseamos para nosotras, sino que establecemos diálogos y usamos herramientas que nos permitan respetar también sus necesidades.

Este recurso viene bien en estas situaciones, y la forma de usarlo también se limita a recurrir a una frase que podría ser del tipo: “cuando tenga 20 años, lo que quieres que ahora le diga/haga no va a tener efecto, así que he decidido que prefiero usar un recurso que me sirva ahora y también dentro de 15 años”. 

Como en las otras dos anteriores, el lenguaje corporal y nuestro tono de voz es muy importante para poder transmitir seguridad y confianza en ti misma. Y si este recurso no te funciona, te animo que uses el primero, que suele dar muy buen resultado con aquellas personas más insistentes.

Además de estas estrategias que he mostrado en este post, también uso otros recursos que funcionan bien. Pero me ha parecido interesante destacar las que practico en más situaciones y resultan más sencillas de implementar.

Si te parecen interesantes o tienes otras que te gustaría comentar, no dudes en dejar tu comentario y en compartir este post.

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