Crianza
Cómo superar la forma en la que fuimos educadas
19/09/2017
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“No debería haberle gritado”, “podría haber sido más flexible”, “me hubiera gustado saber mantener la calma cuando ha insultado a su hermano”…

 

¿Te resulta familiar alguna de estas expresiones? ¿Tienes la impresión de que, pese a tener claro cómo quieres educar a tu hijo, hay veces que no consigues cumplir con tus deseos?

Resulta muy habitual escuchar a madres y padres que se lamentan que “pierden los papeles” con sus hijos, que hay situaciones con las que no pueden mantener la calma y les salen gritos y amenazas que desearían haberse tragado una vez instalada la calma.

Y es que, aunque tengamos claros los beneficios que supone educar y criar a nuestros hijos desde el respeto, a veces puede llegar a ser complicado saber cómo reaccionar a ciertas situaciones

 

Criar y educar como queremos

Cuando sabemos cómo queremos reaccionar cuando tenemos un conflicto con nuestro hijo y conseguimos hacerlo tal y como consideramos que es beneficioso para ambos nos invade un sentimiento de satisfacción. Controlar la reacción que no deseamos que vea la luz como el grito o la amenaza nos hace sentir orgullosas de poder darle a nuestro hijo lo que se merece, siendo conscientes de que, al mismo tiempo, estamos construyendo una relación de respeto y confianza.

La barrera que nos impide conseguir lo que deseamos

Pero si fuera tan fácil, si eliminar los gritos y las amenazas fuera tan sencillo, seguramente muchas más personas dejarían de usar esos recursos cuando tienen un conflicto con su hijo.

La mayoría hemos sido educadas desde la perspectiva de la autoridad. Muchos de recursos que aprendimos para resolver un problema estaban encaminados a usar la obediencia sin cuestionar. Además, seguramente el miedo, la amenaza y el chantaje emocional también eran recursos habituales.  

Estos recursos los interiorizamos en su día, los integramos como válidos y aceptados, puesto que eran las personas que nos educaban y acompañaban quienes los usaban.

Y también son estos los recursos que salen cuando actuamos en un momento de crisis, cuando, visto desde una perspectiva instintiva, nos sentimos amenazadas. Al entrar en esa zona roja en la que percibimos que se pone en riego nuestra autoridad, los usamos porque, sencillamente, los tenemos fácilmente a nuestro alcance y necesitamos volver a sentir el control.

La solución fácil ante la dificultad en nuestra elección de crianza

Es doloroso darse cuenta de que no se puede alcanzar un objetivo con la facilidad con la que se pretende hacerlo. Y más cuando sabemos que no llegar a la meta afecta a nuestros hijos.

En algunas ocasiones, cuando somos conscientes de las barreras que se nos plantan delante. Nos puede resultar agradable dejarnos llevar por lo que nos aconsejan las personas de nuestro entorno, que es posible que vean titánico lo que pretendemos. En su afán de mejorar nuestro estado de ánimo, puede que intenten consolarnos con aquello de “haz como lo hemos hecho siempre, que no nos ha ido tan mal”. Es como si nos quitaran la responsabilidad de luchar contra algo que nos abruma. Pero a la vez, no hacerlo, no intentar cambiar la forma de educar y criar a tu hijo nos duele. Sabemos los beneficios que podríamos obtener si lo consiguiéramos y no queremos renunciar a ello. Nuestros hijos se lo merecen todo y sentimos la responsabilidad de proporcionárselo.

Y es en este momento en el que aparece la culpa. Ese fantástico y odioso estado en el que, en el peor de los casos, se nos puede derrumbar todo.

La culpa puede ser una gran aliada si sabes interpretarla

La culpa puede ser realmente devastadora. Sentirse culpable por aquello que no conseguimos nos puede hacer sentir pesados, tristes, frustrados… Pero hay un modo de darle la vuelta y aprovecharlo a nuestro favor. Por eso quiero compartir un pequeño secreto contigo que yo uso en mi día a día.

 

La culpa para mí es mi aliada y cada vez que aparece hablo con ella. Sí, así de raro suena., pero no me falta una tuerca.

Para mí tan sólo es una mensajera que aparece para recordarme algo y sólo cumple ese acometido. Viene, le pregunto qué viene a recordarme y se va. Os explico.

 

Cuando no hemos tenido éxito en nuestro objetivo de criar de forma respetuosa y usamos alguno de los recursos que nos gustaría eliminar de nuestro repertorio suele aparecer la culpa. Y aparece para que nos hagamos las siguientes preguntas:

 

¿Qué debería haber ocurrido para que no hubiera aparecido la culpa?

¿De qué me estaba protegiendo cuando he usado el recurso que la ha hecho aparecer?

 

Para mí son dos preguntas claves que me ayudan a comprender ese estado para, luego, dejarlo marchar.

La primera pregunta nos ayuda a recordar cuál es nuestro objetivo, qué es lo que no queremos para nuestros hijos ni para nosotras mismas y qué es lo que no deseamos que se vuelva a repetir. Sencillamente el mensaje lo podríamos traducir en: te has desviado del camino que te lleva a la meta, sólo tienes que retomarlo y continuar andando.

La segunda pregunta nos ayuda a analizar qué es lo que ha ocurrido. Este proceso es importante ya que, desde la calma, podemos buscar otras herramientas que vayan acordes a nuestra necesidad de criar  y educar a nuestros hijos desde el respeto.

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