Cuando nuestro hijo no quiere hablar
21/09/2017
0

 

Hay momentos en los que intentamos hablar con nuestro hijo y obtenemos el silencio como respuesta. Se ha dado un conflicto entre tú y él, con su herman@ o sencillamente viene callando desde que lo has recogido en el colegio.

El silencio puede ser desesperante, sobre todo si vemos a nuestro hijo que no está tranquilo. Nos damos cuenta de que hay algo que lo tiene cabizbajo o preocupado.  Nos gustaría que nos explicara qué le ocurre, cómo se siente o qué necesita. 

A veces pasa, en ocasiones preguntamos y no obtenemos respuesta. Pero el silencio también nos da información.

Cómo en cualquier situación, el primer paso es reconocer cómo nos está afectando a nosotras que nuestro hijo no quiera comunicarse. Esos sentimientos de preocupación, frustración, miedo, enfado… afloran en esa situación. Tienen un mensaje que darnos, nos quieren advertir que hay algo en nosotras que no está tranquilo y descubrirlo es nuestro primer objetivo. ¿Qué necesitamos? ¿Qué desearíamos que estuviera ocurriendo?

 

Cuando ya tenemos identificados nuestros sentimientos y nuestras necesidades podemos comprender por qué necesitamos hacer algo para sentirnos “bien”. ¿Pero el qué?

Y si el silencio no emite palabras, ¿qué puede estar sintiendo nuestro hijo? Como hay algo que frena la comunicación por su parte, nos va a tocar a nosotras realizar hipótesis.

A veces se trata de algo a lo que no quiere o no sabe cómo ponerle nombre y sólo es cuestión de que nosotras lo nombremos para que se abra el canal de comunicación: ¿estás enfadado porque te has peleado con un amigo en el cole?, ¿te preocupa la prueba que tienes mañana?, ¿estás molesto por un comentario que te ha hecho tu hermano? Normalmente, cuando acertamos con lo que ocurre, nuestro hijo suele mostrar con un gesto o con palabras que hemos dado en el clavo.

Otras veces, el silencio no está tan relacionado con un hecho concreto sino con las consecuencias que tiene decir lo que uno piensa y siente. Y eso suele ser uno de los motivos más habituales: el miedo a la reacción del adulto.

Es posible que nuestro hijo no quiera hablar porque teme la reacción que tengamos si expresa sus sentimientos y necesidades. No me refiero a que tema un castigo, reprimenda, desaprobación o rechazo, que también podría ser. A veces el temor es a algo más sutil: saber que su conducta, aquello por lo que no habla, es motivo de preocupación por parte de los adultos. Un ejemplo podría ser, después de una pelea con un hermano, no atreverse a reconocer que, aun teniendo parte de responsabilidad en el conflicto, sigue sintiendo odio y rencor.  En cualquiera de estos casos, saber transmitir la tranquilidad de que no será juzgado o que no cargaremos nuestros sentimientos sobre sus espaldas es crucial para conseguir que la comunicación que deseamos tener con nuestro hijo se produzca.

En el fondo se trata de construir una relación de confianza y por eso es importante trabajarlo desde el primer día, desde el primer minuto.

Deja un comentario

*

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, cosideramos que acepta sus uso. more information

The cookie settings on this website are set to "allow cookies" to give you the best browsing experience possible. If you continue to use this website without changing your cookie settings or you click "Accept" below then you are consenting to this.

Close