Cuando razonar con nuestro hijo no funciona
08/03/2017
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Dicen que en esta vida todo es relativo y estoy bastante de acuerdo con esta afirmación. Aunque, usada en un contexto en el que intentamos razonar con nuestro hijo o hija, me pone en alerta y me la cuestiono. Y voy a explicaros porqué.

La experiencia en la vida hace que veamos los problemas desde otra perspectiva con el paso del tiempo. Las decisiones y preocupaciones de hace 15 años seguramente nos resultan una tanto banales ahora mismo. Recuerdo lo importante que era para mí, cuando tenía unos 16 años, cómo iba peinada. Antes de salir de casa podía pasarme delante del espejo más de media hora. Salir de casa “mal peinada” no entraba dentro de mi cabeza, aunque eso implicara llegar tarde al instituto. Ahora puedo decir que, si bien me gusta ir bien arreglada, si tengo que salir corriendo con una coleta hecha mientras cierro la puerta no me supone ningún problema.

Las prioridades cambian a lo largo de nuestra vida y eso resulta bastante fácil de entender. Pero seguramente te estarás preguntando por qué te cuento esta historia. No te preocupes, enseguida lo verás.

Seguramente habrás tenido experiencias similares a la mía cuando tenía 16 años a lo largo de tu vida. Y posiblemente recordarás lo importante que eran, en ese momento, las emociones que se te activaban en esas vivencias. Si de algo me acuerdo perfectamente es de cómo me sentía cuando me hacían comentarios mis padres y hermanos al verme pasar tanto tiempo en el baño. No os penséis que me reñían ni que criticaban lo que hacía. Solían ser comentarios bienintencionados que pretendían restar importancia para que yo no me obsesionara con mi aspecto físico. Frases como “no hace falta que te peines tanto, estás guapa igual”, entre otras, se formulaban con la intención de hacerme sentir mejor. Pero, sin quererlo, conseguían el efecto totalmente contrario.

¿Por qué? Muy sencillo. Sólo tenían por objetivo relativizar un problema, mi problema. Y eso, muchas veces se vive como falta de comprensión, de conexión. Es como cuando tienes un problema y sientes que las personas que te rodean no te comprenden. ¿Os suena? Eso no sólo nos pasa de adolescentes, también como adultos nos encontramos con frecuencia en situaciones similares.

Y es que cuando opinamos sobre un problema lo hacemos desde nuestra experiencia, usando nuestra lógica. Pero lo que es lógico y normal para nosotros puede no serlo para los demás.

Relativizar un problema puede ser muy útil cuando las personas que están dialogando sobre la cuestión están al mismo nivel. Cuando pueden analizar la situación con más o menos experiencia similar, resulta mucho más fácil que ese recurso sea efectivo, puesto que es más sencillo conectar con la lógica de la otra persona.

Pero, ¿qué ocurre cuando no es así?. ¿Qué pasa cuando usamos nuestra lógica con personas? ¿Con quién nos puede pasar eso? ¡Exacto! Con nuestros hijos e hijas.

Hoy quisiera compartir un video con vosotras. En él analizo porqué nuestra lógica no suele funcionar cuando intentamos relativizar un problema con nuestros hijos e hijas

Espero que te haya resultado interesante el video y espero tus comentarios para poder compartir experiencias que seguro seran muy enriquecedoras.

Laia Simón

Asesora de maternidad

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