¿Cuántas veces has dado explicaciones y te han tomado por el pito del sereno?
10/08/2018
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Hoy quiero compartir la experiencia personal que marcó un antes y un después en la forma de relacionarme con las personas de mi entorno y que en muchas ocasiones me generaba malestar y crispación. 

Es muy probable que hayas vivido situaciones en las que un familiar te critica por darle el pecho a tu hijo de 2 años, por no castigarle cuando rompe algo o por llevarlo en brazos cuando está cansado. 

En mi caso, la experiencia que viví fue en una comida familiar. Por aquel entonces mi hijo mayor tenía 6 años y no hacía más que sentarse y levantarse de la mesa a medida que iban apareciendo o terminando platos nuevos. Eso pareció molestar a una de las personas adultas que estaban sentadas en la mesa, que terminó riñendo al niño amenazándolo de no darle postre si no se estaba sentado. 

Recuerdo perfectamente que en ese momento me invadió la rabia y la indignación, y a punto estuve de saltar a la yugular. Sin embargo, mi reacción esa vez fue muy diferente. Y el resultado también. 

Pude mantener la calma porque, antes de decir nada, me puse a mí delante, con mis necesidades, mis principios y, sobre todo, los límites claros que no estaba dispuesta a obviar. Esos instantes que llevaba trabajando durante tiempo me permitieron enviar el siguiente mensaje:
– Yo quería respetar el desarrollo de mi hijo y sus necesidades y la de estar sentado en una silla durante 2 horas como mínimo no estaba dentro de mis planes
– Quería pasar un buen rato en familia y no quería entrar en discusiones absurdas sobre decisiones que ya había tomado y sobre las cuales no pedía opinión. 
– Que comprendía y aceptaba que otras personas no pensaran igual que yo y que todo era cuestión de encontrar un contexto en el que encontrarnos para estar todos contentos. 
– Estaba dispuesta a encontrar otra forma de relacionarme con mi familia si no se respetaba mi decisión sobre el conflicto que estaba ocurriendo, y que de la misma forma que nos encontrábamos en una casa para comer, nos podíamos encontrar en un parque para hacer un pick-nick. 

Tengo que reconocer que yo misma me quedé sorprendida de mi reacción y, sobre todo,  del poder que tenían esos instantes previos a la reacción que solemos tener cuando alguien nos critica o increpa a nuestro hijo o hija ante una situación determinada. 

Y es que cuando queremos poner límites, solemos cometer el error de pensar que son siempre las otras personas las que tiene que actuar de forma automática para sentirnos en paz nosotras y se nos olvida que, en la mayoría de casos, tenemos la capacidad de tomar acción para cuidar de nosotras mimas. 

A lo largo de este tiempo he desarrollado habilidades para poder afrontar la crítica con seguridad y confianza y os tengo que confesar que es un placer inmenso de poder y capacidad de decisión que, una vez lo pruebas no quieres soltarlo jamás. 

Ahora, tú también tienes la oportunidad de vivir estas situaciones desde la confianza y seguridad que te mereces, no sólo por ti, también para tu hijo o hija, que te ve cada día y aprende de cómo reacciona y te relacionas con los demás. 

¡No pisar! es un taller on line en el que encontrarás herramientas y recursos prácticos para poner límites a las personas que te rodean con seguridad y confianza en ti misma.

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