Los efectos de quedarte callada que vas a desear evitar
11/08/2018
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Nuestra forma de reaccionar afecta a nuestros estados de ánimo, a nuestra autoestima y también a nuestros hijos, puesto que aprenden por imitación cómo reaccionar ante personas que traspasan nuestros límites o, lo que es más grave, no tienen claro que son los límites y por qué son tan necesarios.

Recuerdo la primera vez que una persona se dirigió a mí diciéndole a mi hijo de año y medio que ya era demasiado mayor para tomar teta y que si seguía iba a ser siempre un bebé y nunca crecería.

No supe reaccionar y me quedé sin saber qué decir. Dudaba de cómo responder: ¿debía ser agresiva y decirle que no se metiera en temas que no le incumbían? ¿quitarle importancia al comentario y hacer como si nada hubiera pasado? ¿decirle algo al niño? Pero no, no hice nada.

Estas situaciones son muy comunes y soy consciente que pueden hacernos sentir frustradas por no saber parar los pies a la persona que hace este tipo de comentarios.

En mi caso, no sólo fue la frustración, si no también la rabia por no haber tenido la habilidad en ese momento de reaccionar ante aquella persona. ¿No os ha pasado nunca que después de un conflicto habéis tenido un montón de ideas de cómo hubierais reaccionado? Pues también me pasaba a mí.

Pero lo que realmente me hizo reaccionar y sentir miedo y preocupación fue darme cuenta de cómo podía afectar a mi hijo y a mi hija, que por aquel entonces solo era un bebé de 3 meses, no sólo por las críticas y comentarios que iban recibiendo si no por el modelo que aprenderían si yo no reaccionaba protegiéndome a mí y a ellos.  

El blanco de las críticas podemos ser nosotras: “ya no tienes leche”, “lo que haces es malcriarlo”, “si le das la teta cada vez que llora, siempre la querrá cuando se frustre”… Pero también lo pueden ser nuestras criaturas: “eres un consentido”, “lo que haces es de bebés”, “así no te harás mayor nunca”…

¿No se merecen ellos recibir protección ante esos ataques?

¿Y nosotras? ¿No nos merecemos saber protegernos ante esos comentarios?

En mi opinión sí, y ahora puedo afirmar que no me quedo callada, aunque no siempre uso los mismos recursos para afrontar los comentarios desagradables o críticas que me han hecho las personas de mi entorno.

No todas las situaciones son iguales y por eso no siempre es necesario reaccionar de la misma manera. En ocasiones se requiere dirigirnos directamente al niño, obviando al adulto, para protegerlo y revertir el impacto que pueda tener la crítica o comentario que ha hecho el adulto.

En otras ocasiones, sobre todo cuando no estamos con nuestras criaturas, hablar con el adulto y establecer el límite con firmeza será clave. Sin embargo, incluso aquí habría muchos matices sobre cómo intervenir: frase corta y concisa, exposición de tu límite con la consecuencia de no respetarlo, explicación detallada sobre el porqué de tu límite… Dependiendo de la persona con la que hablemos, de cómo nos encontremos nosotras e incluso del tema en cuestión que estemos tratando, hará que usemos unos u otros recursos.

Sea como sea, saber reaccionar ante la crítica y los ataques sí es necesario ¿y sabéis cuándo yo lo vi perfectamente claro?

Pues fue el día en el que vi a mi hija Cèlia responder a su padre con firmeza y convencimiento ante un juicio que éste había emitido sobre cómo iba vestida. Tenía alrededor de los 3 años, hablaba por los codos, pero solo emitió 2 palabra: “vale papa”. Continuó con lo que estaba haciendo y al cabo de nada se giró y le dijo “yo me pongo la ropa que me gusta” Y siguió con su juego.

Esa misma reacción se la he visto repetir en varias ocasiones y en contextos diferentes y, que queréis que os diga. 

Mi tranquilidad en este tema está prácticamente asegurada.

Saber reaccionar ante la crítica y los ataques a nuestras decisiones es necesario para evitar nuevas situaciones, para protegernos a nosotras mismas sintiéndonos más seguras y confiadas y, sobre todo, para proteger a nuestros hijos e hijas, no solo dando un modelo al que imitar de firmeza y autoestima, si no también para que ellos mismos se sientan seguros y con confianza y crezcan sabiendo que merecen sentirse así.

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