No quiero que nadie organice mi vida, ni siquiera tú.
15/09/2016
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¿Has sentido miedo a ser cuestionada alguna vez? ¿Has escondido emociones para que no intuyeran alguna debilidad en ti?

Yo sí. Y estoy segura que no soy la única. Es un recurso que usamos a veces para protegernos.

Pero hubo un momento en mi vida que lo hice, y si pudiera volver atrás cambiaría 100% ese miedo por la tranquilidad que da el conocimiento: mi primer puerperio.

Recuerdo avisar a mi madre que llegábamos del hospital por la noche y ella me ofrecía dejarme la cena preparada. Me pareció práctico, pues ni siquiera recordaba qué había en la nevera cuando salí de casa después de romper aguas de madrugada. Accedí. Cuando llegamos, ella ya estaba en mi piso y lo tenía todo listo. Y empezaron las preguntas: ¿A qué hora quieres que venga mañana? ¿Qué quieres que te prepare? ¿Necesitas que me lleve ropa para lavar? ¿Quieres…..?

En ese momento levanté un muro de piedras mental infranqueable: "Aquí no va a entrar nadie a organizarme la vida, que hasta ahora no me ha hecho falta para nada. No quiero tener a ninguna persona diciéndome qué o cómo tengo que hacer las cosas". Y seguramente, así hubiera sido, porque mi madre es así, y no voy a ser yo quien la cambie.

 

Ojalá se hubiera desmoronado esa barrera en el mismo instante en que la creé.

 

La decisión que tomé en ese momento tuvo una razón de ser: el miedo a ser cuestionada. Mi inseguridad. Ella ejercía el papel que le tocaba: ese cojín que las madres que acabamos de parir necesitamos. Esa persona capaz de organizar aquello que, para una recién mamá, debería quedar en segundo plano en sus prioridades. Porque tiene que focalizarse en ella misma, en sus necesidades y en las de su bebé.

Pero de eso, por aquel entonces, yo no era consciente. No supe ver la importancia que tenía para mi recuperación, para mi tranquilidad y la de mi bebé, tener a alguien que se pudiera encargar de la casa.

 

Y me encontré con algo peor que el miedo a ser cuestionada:

mi propia inseguridad en una maternidad totalmente nueva para mí y la soledad rodeándome en todo momento.

Pero el sentimiento que más tenía arraigado en esos momentos no iba tanto con el carácter de mi madre y su supuesta intromisión en mi nueva faceta de madre (eso daría para otro post), sino con algo más profundo. Algo que, a veces, es mucho más difícil de ver en nuestros actos. Lo tenemos muy integrado la mayoría de mujeres, sobre todo aquellas que compaginamos varias facetas en nuestras vidas y la mayoría no somos conscientes de ello.

Se trata un conjunto de emociones y pensamientos que no sólo vemos en nuestra vida como madres sino que podemos observar en distintas situaciones y contextos. Todos tienen un mismo denominador común: yo puedo con todo.

Lo que quiero mostrarte explicándote esta experiencia personal tan íntima es que yo necesitaba gritarle al mundo que no sólo iba a ser la mejor profesional del mundo como había intentado ser hasta entonces. Sino también ahora que iba a ejercer un papel nuevo, el de madre. Así que, en ese momento, tenía que demostrar a todos los que me rodeaban que sería la mejor madre del mundo. Y para ello, debía hacerlo sola. Porque si no, mi idea de control y seguridad se desmoronaba por completo y me hacía sentir frágil, débil, poca cosa, vulnerable… en fin: fracasada. Así era como yo había aprendido a mostrar mis capacidades: fuerte, sola, sin ayuda...

Nada más lejos de la realidad.

Ser capaz de ver qué es más importante en cada momento para ti y para tu bebé. Estar segura de lo que quieres, de lo que necesitáis tú y tu pequeño. En definitiva, tener las cosas claras y estar empoderada en tus decisiones puede ser sinónimo de no tener miedo y saber decir NO. Y decir no, aunque parezca que en este post está fuera de contexto, es mucho más importante de lo que te imaginas en una situación tan delicada como un posparto.

Saber decir no, implica ser consciente de hasta dónde puedes llegar y así poder ver, sin agobios, sin presiones, sin metas estresantes,  que hay cosas que no vas a hacer como hacías antes. Y no pasa nada. Lo harás, pero de otra manera que, seguramente, te llevará un tiempo descubrir porque todo es nuevo. Y que, allí donde tú no llegas, puede llegar otra persona, aunque hasta el momento haya sido tu responsabilidad.

La capacidad de adaptarte a nuevas situaciones puede ser la clave para que los cambios que se den en tu vida sean un éxito. Pese a que pienses en ese momento que es un desastre. Porque entendiendo qué es lo que ocurre, es más fácil actuar en consecuencia, con seguridad y sin miedo.

Y si no se tiene miedo, se tiene un poder extraordinario.

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